Se acerca la temporada de planificar los regalos corporativos y, como todos los años, el vino aparece primero en la lista. Es cómodo, es “elegante” y todo el mundo lo entiende. Pero es una de las peores decisiones que puedes tomar. Estas son tres razones.
1. El valor percibido es insuficiente
Tu público objetivo suele ser tu cliente VIP. Ese vino “top” que te llevará buena parte del presupuesto probablemente sea, para él, un vino más. Para quien ya bebe buen vino, el tuyo es el de mesa.
2. No cumple la regla de oro del merchandising: la visibilidad
Tu marca se verá en dos momentos: al entregar el regalo y al abrir la botella. Durante ese tiempo, que puede ser de seis meses, la botella estará guardada en un lugar oscuro y nadie recordará quién la regaló. Tu inversión se diluye y tu marca desaparece con ella.
3. Falta de personalización
Nada mata más la emoción que un regalo hecho en modo automático. Una caja de chocolates de marca común es un buen detalle en San Valentín, pero también es impersonal y repetido. Quien recibe un presente percibe cuándo hubo dedicación y esfuerzo, y cuándo se decidió a último momento. Con el vino pasa exactamente eso.
¿Qué hacer en su lugar?
Empieza por tres preguntas. ¿Esta persona lo usará? ¿Se verá mi marca dentro de seis meses? ¿Es un regalo que parece pensado para ella? Un objeto útil, bien terminado y personalizado responde las tres. Y no tiene que costar más que esa botella.
Si estás planificando los regalos de fin de año, en Ideas Stock te ayudamos a elegir uno que se recuerde. Escríbenos.